Callada como la muerte

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La leí con gran placer; la maestría en la articulación, la propiedad de los discursos y la valentía de la escritura de esos largos parlamentos, contrapuestos, el del militar y el del médico, cosa poco habitual en la narrativa,-los novelistas se cuidan, son breves más por precaución que por razones poéticas-, el cuidado documental que respira por debajo, todo eso junto hace un relato enjundioso, original en su trama y, al mismo tiempo, fuerte en la filosofía que lo anima. Fue un verdadero placer la lectura.

Noé Jitrik

 

Callada como la muerte, de Abdón Ubidia, es una novela corta que trabaja con acierto un tema siempre difícil de abordar: la conciencia del torturador, del verdugo, así como la del testigo, el sobreviviente, en el marco de la historia de las dictaduras latinoamericanas. Es la novela, ubicada en el año 1983, coinciden, en Quito, un médico, un torturador argentino, una joven muchacha que llega huyendo del horror, un sobreviviente de la dictadura. El tema es pensado desde la certeza de que todos, de una forma u otra, estamos involucrados en la historia. En esa historia; mas allá de la decisión individual, postura política o credo religioso. La historia nos toca cuando la burbuja que parece protegernos, recibe, producto del azar muchas veces, una pequeña avería por donde se cuela la realidad con toda la fuerza del horror como de la felicidad. La novela trabaja precisamente el impacto ético y afectivo de esa avería: esa zona de lo humano en donde se despliega la venganza, el mal, la culpa y el olor del miedo, pero también la ternura y la compasión. La novela también puede leerse como el retrato de un hombre y el lugar del sujeto en la historia.

Alicia Ortega Caicedo